Entro en la estancia montada en pelo sobre una yegua manchada. Estaba como Lady Godiva, en bolas. Su sonrisa cubría dos tercios de su cara, el resto era para sus ojos que brillaban con fulgor. El saber que estaba rompiendo reglas, le producía una extraña excitación placentera. Sabia que era solo un sueño, pero ella hubiese preferido encontrarse con su hombre y amanecer mojada, a despertarse con la monotonía de cada amanecer. Es idealista. Y soñadora. Aunque le cuesta admitirlo. Trata de llevar su vida en términos reales. Va al frente, no acepta términos medios. Sabe la importancia del sexo en su vida, pero le importa mas sentirse deseada. Exige deseo. Sabe que su adrenalina fluye cuando la desean. Es un cosquilleo inexplicable. Ella se siente invadida por la transpiración fría de un posible encuentro cuando sabe que el otro, que ella eligió, se acerca con la necesidad de su esperma urgente. No esta loca. No corre ningún riesgo, es super lógica y selectiva. Pero en confianza se convierte. Se suelta. Deja volar sus ratones y sus sensibilidades. Su piel se eriza. Ella toda se transforma en una maquina de sentir. Cada toque, cada susurro, cada palabra es un trampolín al placer. La vida la ha llevado por diversos caminos y se la ha rebuscado para encontrar el suyo. Como para la mayoría, la suya tampoco ha sido fácil. Pero es de las que toman el toro por las astas. Lo enfrenta y va. No se priva de lo que cree que esta bien. Y muere con las botas puestas si la ocasión lo amerita. Su ecuación es sencilla. Para ser feliz, busca incansablemente su propia felicidad. Y en el camino de su búsqueda se fusiona corporalmente con su compañero de búsqueda. Valora enormemente el compartir ese momento. Siente más. Siente dentro. Siente profundamente. Y en ese sentir su yo y él, se convierte en su anhelado nosotros.