Tiburones de agzafran (¿¿azafran con g??....nada...delirio)
Mordió mis labios como si deseara arrancármelos. Luego con su lengua se llevo la mía... y volvió a morder como si fuera masticable. Tuve dolor... tuve placer...no podía volver a retraer mi lengua mi boca y el dolor era muy fuerte, pero de repente la soltó... y se disculpo....y lo volvió a hacer. Una y otra vez...se disculpaba y lo hacia de nuevo. De 19 años en la piel, de formas envidiables, de simpatía casi única. Su mezcla de inocencia adolescente, de niña mimada, con esas actitudes desmedidas de llevarse el mundo por delante montada en una cama desnuda, la hacían ver cual Lady Godiva Digital. Seducía con su quietud. Mirarla fijo, serio, sin hablar, casi sin respirar, la incomoda... mucho. Trataba de romper ese hielo que generaba con poses, bromas, sabia que se estaba excitando, que después de la calma vendría la tormenta. Con esa mirada esperanzada apostaba en despertar un lobo feroz que al comérsela le diera todo el amor que deseaba recibir. Disfrazada de colegiala, intentaba ser la buena alumna prometida en ese chat caliente que le había despertado los ratones. Y yo...un exigente profesor que la retara si se portaba mal... y obviamente se portaría mal. Toda la ropa que se pusiera, (si, aun esa ropita que te parte la cabeza) la desmerecía. y se notaba que era de buena madera, por que permitía los retoques artesanales de ebanista, aceptaba ser moldeada, como si aun pudiera mejorarse mas, algo que a todas luces es inmejorable. Desnuda era una obra de arte. Era su propia obra. Ese fue su primer aprendizaje. Mostrarse como un cuadro valioso, como una gema invaluable, como un plato digno del mejor chef y que al ser comido provocara un carrusel de sensaciones. Atarla?, Hacerle chas chas en la colita?, Sexo? todo!...y nada!. Disfrutarla es un placer para lo sentidos. Escucharla hablar. Mirarla mirar. Oírla oír. Abrazarla y ser abrazado. Tocarla y ser tocado. Lamerla y ser lamido. Comerla y ser comido. Desearla. Ser deseado. Hay cosas que la vuelven loca. Hay cosas que me vuelven loco. Increíblemente alguna tormenta galáctica puso todo sobre esa cama, esa misma tarde. No había posibilidad de derrota. Ningún tiburón perdido arruinaría este banquete de placeres. Menos aun... un tiburón con agzafran.